Teguise es el municipio más extenso de Lanzarote, se extiende en una franja que va desde la costa este a la oeste, y comprende diversas localidades así como la isla de La Graciosa y los demás islotes del archipiélago Chinijo. En éste post os vamos a mostrar su encantadora capital, la Villa de Teguise o simplemente La Villa.

Situada en el nordeste de la isla, la Villa de Teguise fue una de las primeras poblaciones fundadas en las islas Canarias. Fue la capital de Lanzarote hasta el traslado en 1847 de la sede a la ciudad de Arrecife, actual capital. Conserva un notable conjunto de edificaciones de gran valor por lo que ha sido declarada Conjunto Arquitectónico Histórico-Artístico. Destacan el Castillo de Santa Bárbara, ahora convertido en Museo de la Piratería; el Palacio Spínola, ubicado en una casona señorial del siglo XVIII; la antigua Iglesia de Guadalupe (imagen de arriba) y el Convento de San Francisco.

La asociación de Los Pueblos más Bonitos de España ha incorporado a la Villa de Teguise como uno de ellos. Sin duda, toda una delicia el poder pasear por las calles empedradas del acogedor casco histórico y conocer su pasado noble y señorial. Se trata de una de las villas más antiguas y que han escrito una de las páginas célebres de la historia de Lanzarote.

Nos encantó este pequeño y pintoresco pueblecito poblado de casitas blancas, con sus monumentos, tiendas, cafeterías, restaurantes y una gran explanada donde se celebra el mercadillo. Destaca su gran Iglesia de Guadalupe, que ya se divisaba a lo lejos desde la carretera de entrada. Después de aparcar el coche, nos dirigimos a la plaza de la Constitución.

Plaza de la Constitución

La plaza de la Constitución, también conocida por su nombre histórico de plaza de San Miguel, es el centro neurálgico de la Villa de Teguise. El lugar se encuentra presidido por la pintoresca Iglesia de Guadalupe. La plaza fue representada por Leonardo Torriani hacia 1590, y por Pedro del Castillo en 1686, entre otros. Tras varias mejoras, a principios del siglo XX se consigue una estructura muy parecida a la actual y se incorporaron las esculturas de los dos leones que diseñó Francisco Spínola Gómez.

Hacia los años 40 se le incorporó la fuente y los bancos construidos con piedras de Arucas, contribuyendo principalmente Luís Ramírez González. También se añadieron maceteros. Éste lugar es, posiblemente, el centro histórico mejor conservado de toda Canarias, ya que no ha sufrido grandes alteraciones a lo largo de los siglos.

Iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe

La Iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe es la iglesia matriz de Lanzarote y el templo con el patrimonio eclesiástico más importante de la isla. Destacan sus paredes blancas en contraste con su torre de piedra roja y negra. 

La iglesia fue fundada en la primera mitad del siglo XV,​ como una sencilla construcción sin ventanas y con asientos de piedra adosados a las paredes. Registra una dilatada historia de saqueos, incendios y destrucciones. Ampliada en el siglo XVIII con tres naves, volvió a ser incendiada en 1909 y nuevamente reconstruida con limosnas del pueblo. En 1914 el obispo Don Angel Marquina Corrales bendijo el templo. En esta última intervención se le añadió un prisma más a la torre para así convertirla en el edificio más alto de Teguise.

En el interior de la iglesia, pudimos observar la nave central y altar mayor del templo con la primitiva imagen de la Virgen de Guadalupe. Fue llevada a la isla por Diego García de Herrera que heredó de su padre el señorío de las islas conquistadas hasta aquel momento por lo que la imagen se le atribuye a un escultor sevillano del siglo XV. Esta imagen fue robada durante las incursiones piráticas y llevada a Argel,​ por lo que la actual imagen es una copia.

Casa-Museo del Timple (Palacio Spínola)

Justo enfrente de la Iglesia de Guadalupe, se encuentra la Casa-Museo del Timple, localizada en el Palacio de Spínola. Este espacio emblemático alberga el museo sobre uno de los instrumentos más representativos de las islas Canarias: el timple (parecido a una guitarra). El palacio fue construido entre 1730 y 1780 por José Feo Peraza. En los años 70, fue restaurado y decorado por el célebre artista, César Manrique.

Tiendas

En las calles de los alrededores de la plaza de la Constitución, encontrarás varios bares, restaurantes y tiendecitas locales donde puedes encontrar de todo. Desde comida hasta ropa y calzado, pasando por artesanía, tanto autóctona como extranjera. Hay cosas muy interesantes en este sentido, siempre está bien para llevarte un buen artículo de recuerdo de esta bella isla. Nosotros así lo hicimos, escogiendo distintos souvenirs muy bonitos y coloridos.

La Villa de Teguise es uno de los principales centros culturales y turísticos de la isla, convirtiéndose los domingos por la mañana en el centro de atracción de Lanzarote. En pleno casco histórico, se monta el mayor mercadillo de la isla (por desgracia cuando fuimos nosotros no se celebró por culpa del COVID-19). Cuenta con gran afluencia de público y podrás encontrar todo tipo de productos. Artesanía, textil, arte, decoración, curiosidades, productos gastronómicos, ecológicos y tradicionales… es el lugar perfecto para comprar sus souvenirs y regalos.

Este pueblo tiene dos caras bien distintas, por eso, hay que visitarla un día normal, y luego, hay que visitarla los domingos, día de mercadillo. Y es que en estos días, Teguise se transforma en un pueblo multicultural y multicolor, pero siempre manteniendo esas raíces que le hacen tan auténticamente lanzaroteño.

Convento de San Francisco

Del Convento de San Francisco solo queda su iglesia, un templo que fue dedicado a Nuestra Señora de Miraflores. En 1588 Gonzalo Argote ordenó la construcción del complejo religioso, convirtiéndolo así en el primer convento establecido en la isla de Lanzarote y pasando su iglesia a ser un objetivo militar y víctima de múltiples saqueos e incendios. Actualmente, sus restos junto con la ex-iglesia conventual dominica conservan el más importante conjunto de techos mudéjares de Lanzarote. Se ha reconvertido en el Museo de Arte Sacro.

“Elegua”

Justo enfrente del Convento de San Francisco, pudimos ver una estatua llamada “Elegua” que nos llamó la atención. Se trata de una obra realizada por el escultor Rigoberto Camacho Pérez en el año 2013 y rinde homenaje a “Los Diabletes de Teguise“. Cuenta con una altura de 1,80 metros, elaborada en resina de poliester y un peso aproximado de unos 100 kilos. Representa a esta figura tan popular en las fiestas del Corpus de este municipio desde la Edad Media y posteriormente del carnaval. Los diabletes salen a las calles gritando, persiguiendo y asustando a niños y jóvenes. El disfraz es una alegoría al chivo (macho cabrío) y al diablo. La máscara tiene forma de cabeza de toro negro, con grandes cuernos y una larga lengua roja. Los niños que corren delante suelen gritarles ‘¡Elegua, elegua!’ por la lengua que tienen y de ahí el nombre de la escultura.

Otro de los monumentos que merece la pena visitar en Teguise es el Castillo de Santa Bárbara, una fortaleza del siglo XVI que hoy en día acoge el Museo de la Piratería. Se encuentra en lo alto de un volcán desde el que se obtienen unas vistas espectaculares de los alrededores. Desafortunadamente, cuando estuvimos allí se encontraba en obras y no se podía visitar.

En la imagen de arriba vemos la Casa de D. Juan Melián Armas (Casa de la Cultura). Nuestra ruta por la Villa de Teguise nos permitió hacernos una idea de cómo era la vida en Lanzarote durante los primeros tiempos de presencia colonial. Aunque ya no es capital insular, no ha perdido esa personalidad, transmitida por su valioso legado de arquitectura noble y sus casas blancas como elemento tradicional, al igual que sus típicos balcones de madera. Sus calles, con sus palacios, conventos y plazas conservan el sabor inconfundible del paso de los siglos y de mil y una historias. Teguise, un lugar con encanto que no te puedes perder en tu visita a la isla.

La Graciosa: Un paraíso virgen

Caleta de Famara, restaurante Mirador de los Valles y Haría

Timanfaya: Un paseo por la Luna sin salir de la Tierra

Casa-Museo del Campesino y el Monumento a la Fecundidad