Hemos estado en Pompeya (Italia) dos veces y es uno de los recorridos más fascinantes de los sitios arqueológicos que hemos visitado. Un lugar donde se vive, se disfruta y se aprecia la historia romana en todo su esplendor con detalles y en profundidad. En la imagen de arriba, me encuentro cruzando por los enormes pasos de cebra de piedra que se utilizaban en aquella época. Con ellos los ciudadanos podían cruzar la calzada sin mancharse los pies, ya que ésta estaba normalmente inundada y bastante sucia.

Un lugar donde su clima te envuelve, el Vesubio emerge altivo al fondo, sus históricas construcciones, donde la huella de un pasado glorioso aún se hace notar en cada rincón con cada pieza que admiras a tu paso. Es un sitio que toca profundamente el corazón, sabiendo lo que ahí sucedió, te transportas a un pasado memorable y doloroso a la vez, donde unas horas fueron suficientes para marcar un antes y un después. Una ciudad enterrada por una erupción volcánica violenta, que sucedió muchos años atrás. Estos hechos fueron lo que hoy en día nos permiten una visión más amplia de la vida romana en esa época de siglos atrás.

En nuestro caso la primera vez que tuvimos la oportunidad de ir a Pompeya fue desde Roma, en una excursión que se puede ir en tour o por cuenta propia, la cual hicimos y no nos arrepentimos. La segunda vez, fuimos cuando hacíamos un crucero por el mediterráneo haciendo escala en Nápoles. Es enorme, por lo tanto si tienes poco tiempo hay que elegir del mapa lo que más te llama la atención. En nuestro caso hicimos un poquito de todo y recorrimos todas las partes. Es un lugar increíble y lleno de historia.

Pompeya​ fue una ciudad de la Antigua Roma ubicada junto con Herculano y otros lugares más pequeños en la región de Campania, cerca de la ciudad de Nápoles. Fue enterrada por la violenta erupción del Vesubio el 24 de agosto del año 79 d. C., como se puede apreciar en el fotograma de arriba. Aunque hay pruebas que indican que pudo haber ocurrido más tarde en otoño o invierno. Muchos de sus habitantes fallecieron debido al flujo piroclástico. En sus proximidades se levanta la moderna y actual ciudad de Pompeya.

Al ser sepultada de forma repentina y violenta, la ciudad presenta un estado de conservación inmejorable, como si de repente, el tiempo se hubiese detenido en ella, mostrando la mayoría de sus edificios, elementos decorativos, e incluso los restos de algunos de sus habitantes. Se cree que la ciudad fue fundada por los oscos en el siglo VII a.C., y con el paso de los años se convirtió en una ciudad rica, repleta de palacios, monumentos y jardines. Pompeya disfrutaba de una gran prosperidad cuando en el año 62 sufrió un gran terremoto que dañó seriamente la ciudad. Mientras aún continuaban las tareas de reconstrucción, en el año 79 tendría lugar el trágico acontecimiento que marcaría el rumbo de la historia de la ciudad.

La ciudad enterrada permaneció en el olvido hasta que fue redescubierta por un ingeniero español en el siglo XVIII. En 1748 comenzaron las excavaciones y desde entonces han sido desenterradas más de 45 hectáreas de terreno. Esta maravilla del mundo, que se ha mantenido en un perfecto estado de conservación, se ha convertido junto a su vecina Herculano, en la ciudad mejor conservada del Imperio Romano y donde podrás trasladarte 2.000 años atrás con imaginación. Aunque hay que tener en cuenta que todavía hoy en día los arqueólogos siguen descubriendo nuevos edificios y magníficos frescos (solo se ha desenterrado un 60% del total).

Las ruinas de Pompeya son muy extensas y es posible recorrer gran cantidad de edificios en los que los ciudadanos hacían su vida diaria, entre los que destacan algunos templos, la basílica, el foro y las termas, además de algunas casas de las más lujosas decoradas con frescos y mosaicos. Te transporta en el tiempo, y de pronto te encuentras a una ciudad antigua, con baños, tabernas, puestos de comida rápida, panaderías y hasta burdeles. Hay casas de ricos y pobres y largas y avenidas principales, con las aceras perfectamente estructuradas, carretera “asfaltada” pasó de peatones… todo perfectamente distribuido.

En el granero del foro se conservan una gran parte de los restos arqueológicos, además de las figuras de algunos de los cuerpos que fueron encontrados bajo las cenizas. Uno de los edificios más curiosos es el lupanar (imagen de arriba), un prostíbulo de la época en el que pueden verse las rudimentarias camas de piedra que utilizaban, además de algunos frescos con pinturas eróticas.

Otra de las partes más llamativas a la par que escalofriantes es contemplar las formas y posturas de los pompeyanos muertos en la erupción. Quien visita Pompeya no puede evitar la conmoción: los moldes de las víctimas de la erupción del Vesubio son la expresión más humana de aquella antigua tragedia, y su prueba tangible. Hasta ahora se pensaba que los moldes explicaban la agonía de los pompeyanos por asfixia. Ahora sabemos que su muerte fue totalmente distinta: murieron abrasados al instante. Contrariamente a lo que creían hasta hoy los expertos, las víctimas no sufrieron una larga agonía por asfixia, sino que perdieron la vida al instante por exposición a altas temperaturas, de entre 300 y 600 º C.

Nos impactó las figuras de los ciudadanos que quedaron atrapados por las cenizas, en cuyos rostros aún se contempla el pánico que vivieron. Los arqueólogos calculan que en el momento de la erupción la población de Pompeya contaba con unos 15.000 habitantes y de momento solo se han localizado unos 2.000 cadáveres. Teniendo en cuenta que un tercio de la ciudad todavía no ha sido excavado es posible que aparezcan bastantes más. La mayoría de ellos murieron boca arriba cubriendo sus rostros con los brazos o intentando tapar la boca con sus propios vestidos. Otros perecieron boca abajo, otros aferrándose a sus joyas y ahorros. En ocasiones se ven parejas o grupos familiares, en los que los padres intentan proteger a sus hijos. También se encontraron animales como caballos o perros.

Al costado de la “Palestra Grande” está el anfiteatro, colosal edificio que permitía que 12 mil personas disfrutasen de las luchas de gladiadores y otros eventos. Se construyó en el año 80 a.C. y se diferencia de otros anfiteatros del periodo romano (como el Coliseo de Roma o el del Djem de Túnez) en que no contaba con espacios subterráneos. Las gradas se completaban con una estructura que permitía cubrir con telas el anfiteatro para protegerse del sol o la lluvia.

En la imagen de arriba podemos ver la Villa de los Misterios con sus elegantes frescos en la paredes. Visitar Pompeya puede tomarte todo el día, depende del tiempo que tengas y de lo que os guste recrearos. Tanto desde Roma como desde Nápoles podremos encontrar diferentes puntos que nos ofertan visitar Pompeya en 1 día y que incluyen un tour guiado en español y transporte de ida y vuelta. Si decidís ir por vuestra cuenta, contad que desde Roma el trayecto es de unas 3 horas en tren y desde Nápoles, puedes coger el tren Circumvesuviana que sale de la estación central de Piazza Garibaldi y te deja en la parada Pompei Scavi en unos 40 minutos.

¿Cuanto cuesta entrar a Pompeya?.

– Billete sencillo para Pompeya: 15 € (entrada general) y 7,50 € (reducida). Desde 21 € (entrada sin colas). El billete reducido se aplica a ciudadanos de la UE con edad entre 18 y 25 años no cumplidos, así como a docentes de la UE. Necesario mostrar documento de identidad.

– Entrada gratuita: Entre otros, menores de 18 años, minusválidos y acompañantes acreditados, guías turísticos en el ejercicio de su actividad etc. La entrada es gratuita para todos el primer domingo de cada mes.

Pompeya recupera su esplendor con Igor Mitoraj

Otra cosa que nos sorprendió muchísimo de Pompeya, fue la exposición «Mitoraj y Pompeya» constituida por una treinta de monumentales estatuas de bronce del escultor franco-polaco Igor Mitoraj.

Éstas, rinden homenaje al escultor que murió en París en el año 2014, un artista enamorado de Italia que abrió un taller en Pietrasanta, en la provincia de Lucca, en 1983. Ahora, en Pompeya no solo están sus obras, sino también su historia. Nacido en 1944 en Oederan, en la Alemania nazi donde el padre (francés) era prisionero de guerra, y la madre (polaca) deportada. De su infancia vivida bajo el régimen soviético derivaba su obsesión por las estatuas clásicas en ruinas, agrietadas y abandonadas.

Pompeya recupera su esplendor con Igor Mitoraj

El escenario es grandioso: las monumentales estatuas de bronce de más de cinco metros del escultor franco-polaco parecen como héroes y dioses que descendieron del Olimpo, para poblar las calles, plazas y casas de Pompeya. Éstas, parecen surgir como sueños entre las ruinas dando la impresión de que siempre estuvieron allí, desde hace 2.000 años. El espacio expositivo es único en el mundo. Esta exposición póstuma de Mitoraj fue anunciada entre las más bellas de Italia y se pudieron admirar hasta enero 2017.

Pompeya es un lugar impresionante en el que podrás recorrer sus calles como lo hicieron los antiguos romanos aunque en las ruinas históricas, uno debe hacer un esfuerzo para imaginar cómo era la vida en esa época en ese lugar. No es el caso de Herculano, ya que al quedar bastante parecido a como era, es más sencillo imaginarse la ciudad en aquella época. Entender todos sus espacios toma tiempo y yo recomiendo un guía que te ayude a comprender mejor de este hermoso y majestuoso recorrido. Pasear por esta ciudad que tiene 2000 años no deja a nadie indiferente.

En general las visitas a estas dos ciudades (Pompeya y Herculano) enterradas por las cenizas del Vesubio nos resultaron fantásticas. En nuestra opinión son las dos ruinas históricas más sorprendentes del mundo. Sólo podemos expresar palabras de admiración y tanto si vas con guía o no aprendes una gran lección de historia. Estuvimos dentro unas 4 h y eso sin detenernos mucho en cada cosa. ¡Espectacular!.

Herculano: Entre el Vesubio y el mar

Nápoles: Esencia italiana a los pies del Vesubio