Las islas Berlengas no tiene nada que envidiar a las islas Phi Phi en Tailandia. Los impresionantes paisajes con imponentes acantilados guardan cierto parecido a las playas de este país asiático, sobre todo en las aguas cristalinas y en la gama de los distintos verdes claroscuro y esmeralda del agua.  

Las islas Berlengas es uno de esos sitios que por más tiempo que pase nunca se te borran de la memoria. Es imposible olvidar un espacio tan pequeño pero con tantísimo encanto y con tal cantidad de rincones mágicos.

El archipiélago de las Berlengas son una serie de pequeñas islas costeras localizadas en aguas del océano Atlántico, a unos 10 km de Peniche en Portugal. Se puede considerar como la primera área protegida del mundo, ya que en el año 1465 el rey Alfonso V de Portugal prohibió la práctica de cualquier modalidad de caza en Berlenga Grande. Posee una formación granítica muy antigua, y está compuesta de tres grupos de islotes: Berlenga Grande-Cerro da Velha, Islas Estelas y Farilhões-Forcadas.

Está catalogada como Reserva Natural desde 1981 y como Reserva de la Biosfera por la UNESCO desde 2011. Berlenga Grande es la isla de mayor tamaño, con sólo 0,800 km² y la única habitada. Durante determinadas semanas e incluso meses la isla permanece totalmente aislada debido al estado del mar.

La ocupación humana de la Berlenga Grande se remonta a la antigüedad, llamándose, Λονδοβρίς, Londobris. Más tarde fue bautizada como isla de Saturno por los geógrafos romanos. Posteriormente fue visitada por navegantes árabes, vikingos, corsarios franceses e ingleses.

En 1513, con el apoyo de la reina Doña Leonor, se establecieron allí monjes de la Orden de San Jerónimo con el propósito de ofrecer auxilio a la navegación y a las víctimas de los frecuentes naufragios en aquellas costas, asoladas por corsarios. Se fundó así el Mosteiro da Misericórdia da Berlenga, en el local donde, desde 1953, se yergue un restaurante. La escasez de alimentos, las enfermedades y los constantes asaltos de piratas y corsarios marroquíes, argelinos, ingleses y franceses, hicieron imposible la vida de retiro de los frailes, a menudo incomunicados debido a las inclemencias del mar.

Puerto de Berlenga Grande

Al llegar a puerto, predominan los tonos del granito rosa de la isla. Aquí, puedes contratar un recorrido en barca, lancha o kayak. Es la forma más completa de disfrutar de la fortaleza en plenitud y si tienes suerte puedes entrar en todas las cuevas…en unas entras con marea alta…en otras con marea baja. Aún así, merece la pena. En la imagen de arriba podemos apreciar la formación rocosa del Elefante en medio.

También, puedes realizar una excursión en un barco con fondo de cristal que incluye:
• La formación rocosa del Elefante.
• El acantilado catedral, así llamado por la forma arqueada de los acantilados.
• La cueva azul, en la que el agua tiene un distintivo color azul.

Eso sí, llévate una buena crema solar porque hace falta…yo me quemé.

A 10 kilómetros de Peniche, el Atlántico golpea cariñoso en los días buenos y rabioso e impracticable en los de tormenta, contra las rocas de este bellísimo archipiélago. Por tanto, se recomienda visitar Berlenga Grande entre junio y septiembre. Fuera de ese período, la bravura del océano dificulta los trayectos.

Con respecto a que son pocos conocidas, las islas Berlengas vendrían a ser como nuestras islas Cíes en Galicia. Ambas islas son ligeramente desconocidas entre el turista extranjero, pero aclamadas por el viajero patrio. Para preservar las especies que pueblan las islas Berlengas y garantizar la seguridad de quienes hasta allí llegan, el gobierno acaba de limitar a 550 el número de personas que simultáneamente pueden desembarcar en ella.

Desde el puerto, nos dirigimos a la playita que se encuentra al lado.

Playa de Carreiro de Mosteiro

La playa de Carreiro de Mosteiro es la única zona de baño en la que es seguro nadar y la playa más accesible de la isla. Este pequeño punto está situado en medio de un bello paisaje, anidado entre imponentes acantilados casi verticales y con vistas al puerto.

Se accede por un estrecho paseo desde el puerto. Tras atravesar un puente con una pequeña cueva al lado, llegamos a una pequeña cala de arena dorada y aguas limpias de color verde esmeralda.

La playa en sí recibe el nombre de un monasterio del siglo XVI, situado sobre el puerto, que ahora se ha convertido en un restaurante.

Suele estar bastante llena de gente al ser la zona de baños más accesible de la isla, pero pocos son los valientes que se atreven a zambullirse en las frías aguas de esta zona del océano Atlántico.

La pequeña playa de Berlengas está considerada una de las más bellas de la zona y sus aguas transparentes son ideales para bucear o hacer snorkel.

Nos encantó esta preciosa calita de aguas cristalinas de color verde esmeralda.

Barrio de los Pescadores

Lo primero que llama la atención desde el barco cuando llega al puerto, aparte de la playita, son las casitas blancas que se encaraman sobre la ladera. La zona es lugar de pescadores y ellos son los propietarios de estas pequeñas construcciones que, integradas por una cocina y una habitación, cuentan con lo básico para vivir. En el barrio de los Pescadores se concentran varios restaurantes, alojamientos y el centro de visitantes de las islas Berlengas.

Desde el barrio de los Pescadores se obtienen maravillosas vistas de la zona de la playita y el puerto, destacando una vez más, el espectacular color verde esmeralda del agua cristalina, como se puede apreciar en la imagen de arriba.

Subida

A continuación, empezamos a subir la montaña por un camino asfaltado que nos conduce al faro y al fuerte. Nos llama la atención, una zona de camping construida en varias terrazas en la ladera de la montaña. Si quieres alojarte en la isla, esta es otra opción.

Si nos asomamos desde la zona del camping, se puede ver abajo una bonita panorámica de la playita.

Fauna

En lo que se refiere a fauna, abundan las aves como las gaviotas (hay tantas que son la banda sonora de la isla) y en menor medida el arao común, especie parecida al pingüino pero más pequeña, en peligro de extinción y símbolo de la reserva. También hay muchísimas lagartijas que corretean por los senderos.

A medida que ganamos altura, las vistas son cada vez más impresionantes. En la imagen de arriba, podemos ver el puerto abajo, las casitas del barrio de los Pescadores, la espectacular subida, las tiendas de campaña y al fondo el océano y la localidad portuguesa de Peniche.

Si nos asomamos al lado opuesto, veremos otra calita espectacular, pero de acceso imposible por tierra.

Encontramos la isla en una búsqueda por casualidad en internet y fue todo un acierto ir. Es una auténtica preciosidad escondida. Todo allí es belleza pura: el fuerte, la montaña, la playita… Estuvimos en la isla solo un día pero lo más recomendable es quedarse a dormir aunque sea una noche para ver la isla con profundidad. Tienes las opciones de hospedarte en el mismo fuerte (la más recomendable), el camping o el hotelito.

Después de unos minutos subiendo, llegamos al faro.

Faro del Duque de Bragança

El faro del Duque de Bragança data del siglo XIX. Su luz se extiende hasta los 50 kilómetros en días despejados y desde 2001 funciona mediante baterías y energía solar. Se encuentra a nada más y nada menos que 121 metros sobre el nivel del mar, ocupando el punto más alto de la isla, donde se domina todo el entorno y en los días claros se puede ver hasta el perfil de Nazaré. El edificio no está abierto al público.

Desde el faro, anduvimos unos 5 minutos admirando los paisajes hasta llegar a la bajada al Fuerte de São João Baptista.

Bajada al fuerte

A continuación, bajamos al fuerte por unas empinadas escaleras talladas en la ladera. La parte más dura del recorrido fue la subida, pero se puede subir sin problemas siempre que tengas una buena condición física. Las espectaculares vistas con la estructura del fuerte abajo en el mar, hará arder tu cámara de fotos.

Las impresionantes islas Berlengas forman parte de un paisaje natural de gran dramatismo, y contienen la fortaleza más panorámica del Atlántico, y en las aguas cristalinas que las rodean vive una inmensa variedad de vida marina.

El entorno es mágico y no resulta difícil trasladarnos con nuestra imaginación a otra época, incluso a alguna escena de Juego de Tronos.

Puentes de arcos de acceso al fuerte

La foto más famosa de las islas Berlengas es la de la imagen de arriba. Esta pequeña fortaleza es uno de los edificios más impactantes visualmente, elevándose sobre las aguas de colores verdes y esmeraldas del océano y con estrechos puentes de arcos que conecta la isla con el fuerte.

Los puentes de arcos, que con tanto éxito defendieron el fuerte, se han conservado tal y como se construyeron en el siglo XVII. Sin embargo, esto también quiere decir que el trayecto es muy irregular, y que no cuentan con pasamanos donde apoyarse.

Desde estos puentes, algunas personas se atreven a saltar al agua.

En la imagen de arriba, vemos los puentes de arcos desde antes de entrar a la fortaleza y las personas subiendo y bajando por la montaña.

Fuerte de São João Baptista

El Fuerte de São João Baptista o simplemente conocido como el Fuerte de Berlengas, se encuentra localizado en las islas Berlengas. Fue construido durante el siglo XVII por orden del rey D. João IV, esculpiendo su silueta directamente en una enorme roca. Sus escasas y pequeñas ventanas y una única puerta de entrada, que se aislaba de la isla gracias a un puente levadizo, lo convirtieron en una plaza casi inexpugnable.

El objetivo principal del fuerte era proteger la isla de los ataques de piratas y ejércitos de otros países. El valor defensivo de este tranquilo paraje quedó espectacularmente demostrado en junio de 1666, cuando sólo veinte soldados atrincherados en el interior del fuerte resistieron un asedio por parte de 16 buques de guerra españoles y más de 2.000 soldados. La fortaleza sólo se abandonó al agotarse totalmente sus reservas de munición, pero el ataque se cobró la vida de 500 marineros españoles, y solamente un soldado portugués.

El Fuerte de São João Baptista ha vivido mucho: de punto defensivo de la península de Peniche a cárcel para después caer en el abandono. En 1953 comenzó a funcionar como restaurante y actualmente alberga un hostal con habitaciones. Siendo uno de los entornos con más encanto. Eso sí, no espere demasiadas comodidades modernas, pues debes tener en cuenta su emplazamiento y edificación.

Un lugar idílico en el que te puedes quedar a dormir y donde nosotros comimos. Rodeado de aguas cristalinas, pequeñas calas sólo accesibles con barco y unido a tierra por un puente que ha resistido los años. ¡Sólo por verlo merece la pena el viaje!.

Vistas desde lo alto de la fortaleza

Lo mejor del fuerte son las vistas desde lo alto de las murallas. La entrada a la fortaleza es gratuita.

Acantilados que emergen imponentes del agua, grutas, arcos, rocas e islotes te harán dar las gracias a miles de años de transformación geológica y erosión…

 

Maravilloso enclave. El sitio es precioso y como veis sacamos unos vídeos y fotografías estupendas. El agua cristalina. Es como un pequeño paraíso a 40 minutos en barco o 20 min. en lancha desde Peniche. Se puede hacer submarinismo o paseos en barca por las grutas. Hay un par de bares en el barrio de los Pescadores y un pequeño restaurante en el fuerte, donde también  se puede dormir. Otra opción es hacer acampada en un pequeño camping pidiendo permisos previos… En general una isla increíblemente preciosa con muchas cosas para hacer allí…

El centro oeste de Portugal en 6 días

Travesía Peniche-Archipiélago de las Berlengas

Peniche: Una ciudad a los pies de una fortaleza